Alter ego



Alter ego…
ꟷTengo que matarte.
ꟷ¿Perdón?
ꟷYa lo has oído, tengo que matarte.
ꟷ¿Y se puede saber por qué?
ꟷHay que llegar al final.
ꟷ¿Al final? ¿De qué hablas? No sé qué te pasa hoy, estás muy raro.
ꟷEsto no se puede alargar más. Todo lo que empieza acaba.
ꟷ¡Maldito loco! En lugar de matarme ¿por qué no vas a un médico a que te mire esa tos? Te van a salir los pulmones por la boca.
ꟷEse será un síntoma de tu grave enfermedad. En el próximo capítulo escupirás sangre en un pañuelo, tras sufrir un fuerte ataque de tos.
ꟷ¿No te ha bastado con lo que me has hecho a lo largo de estos años? Mi primera mujer me abandonó llevándose a mi hijo. La segunda, a la que conocí en la terapia de alcohólicos anónimos, se mató en el mismo accidente de tráfico donde yo me quedé cojo. ¿No han sido ya suficientes penurias?
ꟷTodos esos acontecimientos han hecho que duraras cinco libros. ¿Por qué crees que tienes interés? Porque a los lectores les gusta comprobar que los personajes son más infelices que ellos.
ꟷSi tienes que acabar conmigo hazlo al menos de un modo digno. Merezco morir matando. He perseguido delincuentes página tras página, detenido violadores, descubierto políticos corruptos, y ahora, ¿voy a terminar mis días en la cama de un hospital? ¿También vas a hacer que pierda el pelo tras un largo tratamiento?
»Te recuerdo que me has inventado con “nariz aguileña, frente prominente y ojos huidizos”. Como me dejes sin pelo voy a hacer un bonito cadáver
ꟷTengo que reconocer que me has salido simpático. Pero no, no hay tiempo para tratamientos. Te queda poco, si lo hubieran cogido a tiempo…
ꟷEstás salpicando de sangre las hojas ¿te encuentras bien?
ꟷLo suficiente para escribir el último capítulo que nos queda.
ꟷ¿Nos queda?
ꟷSí, nos queda. Al menos eso te hará sentir mejor, será tu pequeña venganza. Desaparecerás a la vez que yo.
ꟷ¿No crees que si fueras a un médico te salvarías? ¿Nos salvaríamos?
ꟷYa te he dicho que es demasiado tarde. Si quieres llegar al final del libro tienes que dejar de interrumpirme.
Días más tarde la policía entra a su casa alertada por la vecina de arriba, que aseguraba que en el descansillo olía mal. Le encontraron encima de su vieja Underwood, con la letra N marcada en su cara.

Un último acceso de tos impide que el aire entre en sus pulmones. Su cabeza se desploma sobre la mesa con una extraña mueca azulada, y los ojos huidizos clavados en la puerta del despacho, como esperando a ser cerrados.
FINNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNN

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