Hasta siempre, siempre, siempre



Hasta siempre, siempre, siempre...

Demasiadas veces en los últimos tiempos he escuchado «Si te vas» canción de Robe de Extremoduro, demasiadas la he llorado a modo de despedida. Hoy, los coros debemos hacérselos a él, que nos ha dejado en otra «calle sin salida». Y así, como ese juego de la infancia, nos hemos quedado, como estatuas mudas y quietas, cada uno con una visión nublándole la memoria. 

Muchos hemos desayunado con una sonrisa de payaso triste y una imagen que, no siendo elegida adrede, se ha sentado a nuestro lado. La mía tiene como B.S.O «Decidí», del primer LP, en cinta de casete, virgen y pirata, un oxímoron que no puede aplicarse hoy en día a ninguna plataforma musical. Tengo que preguntar al amigo que la puso durante una noche entera en bucle, si entonces ya había salido el disco (como se decía antes) a la venta, o esa primicia la teníamos por casualidad. Ese amigo es Alfonso de Desastre, otra banda icónica del rock madrileño, o Adolfo el de Masacre, como le llamaba el placentino.

Mi cabeza hoy es una película de Charlot, en blanco y negro de UHF, pasa veloz con la precaución de no dejar que me pare en cada escena mucho tiempo, no vaya a ser que me quiera quedar ahí y no regresar a este presente prefabricado por las manos de una IA. 

Desde que me he despertado ha sido un día raro. Lo primero que he pensado es que se escuchaba la luz, no sé por qué, me ha llegado como un aviso, como la visión de una esquela que aún estaba por escribir.

Y en ese “Instante de Luz” me hubiera puesto a bailar “como una puta loca”, así, con el café bebido. Unos minutos después he recibido la noticia y me he puesto a escribir a todas las personas que me han venido a la boca, con un recuerdo, una canción o ambas. 

He recibido hasta un mensaje de condolencias, porque hay personas que no te dejan solo un vacío cuando se van, ya sea en muerte o ausencia, sino que abren una grieta conjunta que parte y une corazones a su paso. Hoy, más que nunca, el mundo se divide en dos, por un lado, los que tuvimos a Robe decorando nuestra vida y al otro los que prácticamente ni le conocían, unos pocos que hoy, no están de luto. 

Él ha sido música y mucha diversión, borracheras de calimocho, amistad y un futuro prometedor o no, pero futuro, al fin y al cabo.

Le dejé impreso en mi libro Cuando Nevers invadió Hiroshima, ayudó a la reconciliación con Standby, una de mis canciones favoritas de Extremoduro. Los versos «Sueña que sueña con ella Y si en el infierno le espera. Quiero fundirme en tu fuego. Como si fuese de cera» no se han derretido jamas.

Hoy se ha ido otra parte de mi vida, y así me voy cayendo a trozos que parcheo con recuerdos a los que les devuelvo el color. Opino como él «Para algunos vivir es galopar un camino empedrado de horas, minutos y segundos. 

Yo más humilde soy y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transporte mecido hasta el siguiente».

Y nada más, que ya es mucho, solo brindar con vino de cartón y Coca Cola y recordarnos a todos para el tiempo que nos quede:

«Ama, ama y ensancha el alma»


Comentarios

  1. Carolina Saavedra, escribiendo todo aquello que al resto de los mortales nos pasa por la mente sin saber expresarlo. Gracias....

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