Despedida de una sirena
Despedida de una sirena...
Le deja sobre la almohada un haiku del maestro Matsuo. No encuentra mejor forma de despedirse.
Ella se marcha pero quedándose, en letras hilvanadas entre sí, que no son ni mucho ni poco, es lo que le queda. Le observa dormido y silente, como cuando está despierto, porque él hace tiempo que no habla.
Le recorre, con una caricia que no le roza, para no turbarle, aprehendiendo en las yemas de sus dedos el rastro de la noche. La última.
Él abre los ojos cuando escucha la puerta cerrarse y lee:
«Se va la primavera,
quejas de pájaros, lágrimas
en los ojos de los peces».
Llega a la puerta y chilla, la llama, pero ningún sonido sale de su boca, ha olvidado cómo se hace, ya.
La descubre en la orilla del mar, desnuda, deshaciendo las olas con su cola de sirena. Él no la ve pero ella llora, le ha entregado su canto, ha perdido su esencia; ya no hay más hogar en el agua que su muerte.
Las lágrimas se desbocan por la cara del hombre al que el miedo robó las palabras. El pánico a volverse loco, el terror a perderla, a no poder escucharla... Le dejaron sin ellas.
Corre a buscarla, con la garganta llena de heridas, pero ella desaparece entre la espuma, en el mismo instante que un grito desgarra su nombre.



"...el hombre al que el miedo robó las palabras".
ResponderEliminarUn cuento precioso.
Gracias... Me gusta que te guste.
Eliminarpreciiso y tierno
ResponderEliminarMuchísimas gracias, me gusta que te guste Bi.
EliminarSentimientos más que profundos...
ResponderEliminarAsí es...
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