Cumpleaños feliz


Cumpleaños feliz…

Levanta la mano derecha y junta los dedos índice y corazón. Los introduce en su boca hasta que las yemas rozan la campanilla.

Una arcada seca antecede a otra y, esta a su vez, lo hace a los restos del desayuno que aún continuaban en su estómago.

Se oye el ruido de la cisterna y la muchacha, sin dejar de sujetarse el pelo, abre el grifo. Con la misma mano que ha salido de su boca hace unos segundos, recoge un poco de agua y se moja la cara.

Deja que el pelo le vuelva a caer sobre los hombros, y sin mirarse al espejo, coge una toalla para secarse.

Sale del baño y cruza treinta metros cuadrados de color violeta. Abandona su cuarto y comienza a bajar unas escaleras que finalizan en un amplio recibidor al que llega un murmullo.

La chica se dirige a la estancia de donde proviene el sonido.

Cuatro personas rodean una mesa en la que ocho más podrían ocupar un sitio sin rozarse entre ellas.

─Celia, llevamos diez minutos esperando a que bajes, ¿se puede saber qué hacías? La comida se está enfriando.

─Lo siento mamá, estaba acabando de hacer los deberes.

─Intenta terminar las tareas un poco antes, y procura también que te dé tiempo a cambiarte de ropa. No creo que sea mucho pedir que lleguéis a comer puntuales y vestidos decentemente ─la regaña el padre. Ella se encoge de hombros mirando los vaqueros de marca recién comprados.

El silencio acompaña al primer plato hasta que es interrumpido de nuevo por la misma voz autoritaria.

─¡Beltrán! Por favor, hijo, no hagas ruido cada vez que te llevas la cuchara a la boca.

El chico responde bajando la mirada.

─Nena tienes que comer más despacio. No es de señoritas comer tan deprisa –la reprocha su madre cuando ve que la adolescente ha terminado mucho antes que los demás.

El segundo plato va ocupando el sitio que ha dejado libre la crema fría. Un pedazo de carne asada, acompañada de patatas y cebollitas francesas, todo ello cubierto por una salsa de nombre francés.

─Celia recuerda que el miércoles tenemos que ir a recoger tu vestido. He recibido la confirmación de los invitados que van a asistir a la cena. Setenta y cinco en total, Alfredo.

─Alrededor de noventa personas le dije al maître que seríamos cuando hice la reserva. Es una pena que no sea verano, podríamos haber celebrado la fiesta aquí. Con una cena fría en el jardín.

─¡Alfredo! La niña cumple dieciocho años, hasta Pilu, que ya sabes los problemas que tiene su marido con la fusión del banco, celebró la puesta de largo de la hija pequeña en un hotel. ¡Por supuesto que no se va a preparar esta fiesta en casa!

─Tienes razón querida, ya tendremos tiempo cuando llegue el verano de dar un cóctel para inaugurar la nueva piscina.

La muchacha, que hace rato que ha dejado de escuchar la conversación entre sus padres, apura la última cebollita que ha reservado para el final, antes de que su plato sea sustituido por el postre.

─Hay que ver, el trabajo que me está dando organizar esta fiesta y a ti parece que te da lo mismo. Con la ilusión que le haría a cualquier chica de tu edad ser la protagonista de un acontecimiento así.

─No te preocupes mamá, todo saldrá bien. ─contesta levantándose con la disculpa de tener que seguir estudiando. 

Se retira sin esperar respuesta. Deja la cuchara descansando en el plato vacío. Abandona el comedor y sale al recibidor. Sube las escaleras de nuevo y se dirige a la habitación violeta. La cruza y entra en el cuarto de baño. Una vez allí, cierra la puerta, levanta la mano derecha y junta los dedos índice y corazón.

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