Amistad

 


Amistad...

Es fácil soñarte mientras me hablas.
Sentir que tu lengua, muda esta vez, se pierde en mi oído. Lo invade, lo humedece, lo penetra.
Es encantador que el roce casual de tu mano me abrace y me recoja, que tus dedos me acaricien mientras mueves el café.
Y la erección que se anuncia entre mis piernas la provoque tu boca, mientras lees esos textos interminables que finjo me interesan. Y no sé qué me dices, porque mi cabeza, amor, se encuentra naufraga entre tus pechos.
Callas y me miras confiada, esperando una opinión, tal vez una crítica, seguro un halago.
Tengo que regresar del viaje por tu cuerpo, buscar que decir que te cautive,  recibir así la recompensa de escuchar: ¡qué suerte tenerte como amigo!

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