En blanco
Yo leo, el leyó, nosotros leímos. Ahora, cuarenta años después, él, mi padre, mira al frente con un libro entre sus manos. Mientras, yo, vigilante, permanezco a su lado.
Cuando intento cogerlo para devolverlo a la estantería me increpa «lo estoy leyendo». Le explico que ya lo hizo hace años y me mira como si estuviera loca, grita que es imposible, que lo compró ayer. Como un Quijote con bata de cuadros arremete contra mí por llevarle la contraria.
Entonces lo abre y las letras se escapan, dejando páginas en blanco de un libro sin memoria.



Comentarios
Publicar un comentario