Tal para cual
Tal para cual…
«¡Vaya jaca!¡Cómo está la niña, madre de Dios! Qué bien hice poniendo el retrovisor central panorámico, así puedo ver esos muslitos se ponga donde se ponga».
─Buenos días.
─Buenos días. Al aeropuerto, por favor.
─Al aeropuerto, ¿dónde?
─Pues al aeropuerto.
─Si señora, pero, ¿llegadas, salidas? ¿Número de Terminal?
─A salidas y a la….T4
«Está buena sí, pero un poco rara, no sabe ni dónde va»
─¿Por dónde quiere que vayamos? ¿Por la M30 o por el centro?
─Por donde usted crea que llegamos antes.
«¡Ya estamos! Otra que se cree que los taxistas tenemos una bola de cristal en las marchas, que nos dice por qué camino hay menos tráfico, ¡no te jode! Súbete un poquito más la falda, anda rica, y te lo perdono todo.»
─¿Qué? ¿De vacaciones?
─Disculpe un momento. ¿Sí, dígame?
«Vaya, ahora que empezábamos a hablar le suena el teléfono. Yo creo que si encontramos un poco de atasco me la ligo. No hay más que verla como se ha sentado, con la falda por la mitad de los muslos, esta es de las que les gusta provocar»
─Ya te he dicho Manuel que no vuelvo a casa.
«¿Manuel? Vaya, hay un Manuel»
─¡No te lo crees ni tú que voy a volver! Haz el favor de dejarme en paz. Por fin hoy lo he comprendido todo. ¿Me oyes? To-do.
«Esto se está poniendo interesante. Pero, ¿será posible?, ¿no se está apoyando en las piernas e inclinándose hacia delante para que se le abra la camisa y que le pueda ver el canalillo?”
─Me has metido a esa en casa. Cómo se puede tener tan poca vergüenza…pero…pero…¿Cómo puedes decir que son imaginaciones mías? Llevo meses viendo cómo te mira, cómo está pendiente de ti en todo. «Esta comida para el señor porque le gusta, he comprado este suavizante porque es el que prefiere el señor». Y tú babeando cuando la ves, ¿te crees que soy imbécil y no me doy cuenta?
«Guzmán, hoy es tu día de suerte. Me parece a mí que hoy no subes la bandera ni una vez más, campeón. ¿Te están poniendo los cuernos preciosidad? Aquí estoy yo para darte el amor que necesitas».
─¡Deja de decir que me tranquilice! Sí sé lo que planeáis, ayer lo vi todo claro cuando cuchicheabais a mi espalda, ¿Cuánto tiempo lleváis tramándolo?
«¡Qué cabrón el tío! No solo le pone los cuernos con la asistenta, sino que encima lo hace delante de sus narices. Tú no te preocupes que yo me encargo de que olvides a ese capullo».
─Tengo pruebas de lo que intentáis hacer conmigo. Ayer volví a verla ponerme esos polvos en el agua, y te escuché cuando le decías que no podía olvidarse de darme todos los días una pequeña dosis. ¿Te crees que soy tonta y me lo iba a tomar? Llevo días haciendo que me lo bebo y escondiéndolo.
«¡Se la quiere cargar, el desgraciado! ¡Madre mía! con los nervios no deja de sudar, la blusa se le va pegando al cuerpo cada vez más, y me está poniendo…».
─¡Manuel, no me vuelvas a decir que no estoy bien y tengo que tomar la medicación, te lo pido por favor! Estoy perfectamente y lo sabes…Pero…¿cómo no voy a llorar?...No, no me pongo histérica, claro que no.
«Ahora se pone a llorar, lo qué me faltaba. A ver si me doy la loción de las canas que se me ven por las sienes. Aunque yo creo que me favorecen, me dan un toque de madurito atractivo, eso le gusta a las churris».
─Claro que te quiero Manuel, más que a mi vida…De verdad que sí…Está bien, te creo…si tú me dices que nunca has querido hacerme daño será verdad. Pero tienes que prometerme que despides a la asistenta. Está bien. Cuando veas lo que quería que me tomara me darás la razón….Sí, ya le digo que me lleve a casa.
─Disculpe señor ¿podría volver a dejarme dónde me ha recogido?
─Con todos los coches que hay no será fácil dar la vuelta.
─Mi amor, ya le he dicho al taxista que vuelva a casa pero no sabe cuándo podrá girar por el tráfico…¿qué cuánto tardaremos? No lo sé, espera. ¿Podría usted decirme más o menos cuánto tardaremos en llegar?
─Oiga señora, ya ve usted como está la carretera. Cuando pueda giro. Pero lo que hay que hacer es saber dónde va uno antes de subir a un taxi.
─¡Cariño, el taxista no quiere regresar! Tengo miedo, lleva todo el camino observándome, me va a secuestrar, ahora lo entiendo, está compinchado con la asistenta. Todo esto es un plan, lo han urdido para acabar conmigo.
«Pero ¿qué dice la loca? ¿Qué la quiero hacer daño?».
─Oiga, ¿qué está usted diciendo?
─Tenga el teléfono, mi marido quiere hablar con usted.
─Buenos días, ante todo quiero que sepa que yo no he hecho nada malo a su mujer. Lo único que le he dicho es que no sé cuándo podré dar la vuelta para entrar a Madrid de nuevo…Sí, ahora comprendo…Ya, la medicación…Sí, claro, supongo que es importante tomarla en estos casos…Oiga, ¿no será peligrosa, verdad?...Tranquilo, ahora solo llora en silencio, mirando al frente…No se preocupe, adiós, adiós.
─Mire, tranquilícese, giro a la izquierda y verá como enseguida llegamos.
«Ahora ni contesta. Mejor así. ¡Vaya chalada! ¡Qué ganas de llegar y perderla de vista! Aunque muy loca, muy loca, pero no ha dejado de insinuárseme todo el rato. Tal vez si lo intentara…Oye, le hago un favor. Una tarada así seguro que no tiene muchas oportunidades de montárselo con un hombre como yo».
─Señor, puede dejarme en esa esquina. Mi marido es ese hombre que está allí, esperando.
─Ahí mismo la dejo. Antes tenga mi tarjeta, si alguna vez necesita un taxista que la lleve al fin del mundo no deje de llamarme. Preciosidad.
«¡Encima! Después de la que me ha liado y ni adiós, ni gracias, ni nada. Pero tú tranquilo Guzmán, que esta te llama. No hay más que ver cómo te ha mirado al bajar del coche».



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